Sacrificios vivos: la adoración en la iglesia primitiva

La adoración en la iglesia primitiva

 Un fresco del bautisterio de la iglesia de Ravenna, Italia 

Un fresco del bautisterio de la iglesia de Ravenna, Italia 

Al decir la palabra «adoración» hoy, probablemente estamos pensando en cantar alabanzas a Dios. Sin embargo, la palara «adoración» tenía una connotación diferente para los cristianos de los primeros siglos de la fe.

 

Sería ingenuo pensar que podríamos reconstruir un modelo del culto cristiano utilizando únicamente el Nuevo Testamento. No existe un manual de adoración ni tampoco la Biblia describe cómo debería llevarse a cabo un culto. Lo que vemos acerca del culto en el Nuevo Testamento es más prescriptivo que descriptivo (elabora más correcciones que descripciones).

 

La palabra mayormente traducida como «adoración» en el Nuevo Testamento no tiene que ver primeramente con las reuniones cristianas ni con los ritos comunales. Como sus equivalentes en la Biblia hebrea, podrían mejor entenderse como reverencia, obediencia, o performance corporal (cf. Mateo 28:17 – «se postraron delante de Él»).

 

La palabra «adoración» también puede implicar disposiciones de piedad y reverencia de parte de una persona o de la comunidad (Juan 4:20; 12:20; Hechos 8:27; 24:11) y también actos de caridad (Santiago 1:27).

 

La adoración de la iglesia se conocía como «liturgia». La palabra liturgia viene del vocablo griego, leitourgia. Se usa con este sentido en dos pasajes: hablando del servicio de Cristo (Hebreos 8:6) y hablando del servicio de los cristianos a favor de los demás (Filipenses 2:30). En la época de la cristiandad, la iglesia del imperio empleaba el término oriental, leitourgia para referirse a la adoración pública mientras que en el occidente sus equivalentes era ministerium, officium, or munus.

 

Los primeros cristianos en Jerusalén participaban de la adoración pública de los judíos. Luego comenzaban a encontrarse para adorar en reuniones privadas. Sin embargo, la iglesia primitiva mantuvo las estructuras de la reunión judía: la lectura y la exposición de las Escrituras acompañadas de la oración y la confesión. Los salmos, himnos, cantos y oraciones también fueron adaptados para el uso cristiano. Vemos descripciones parciales de las reuniones cristianas en los siguientes pasajes: 1 Corintios 11:177ss; Hechos 2:42, 46; 5:42; 20:7ss.

 

Los ritos o liturgia cristiana (en una concepción más amplia) abarcaba desde la comida ágape (1 Corintios 10:16-17; 11:17-34; Judas 12), el bautismo (Hechos 2:41; Romanos 6:4; 1 Corintios 1:13-17; 15:29; etc.), el ayuno (Mateo 6:16-18; Hechos 13:2-3; 14:23), la oración (Hechos 1:14; 6:4; 14:23; Colosenses 4:2), la enseñanza o proclamación (1 Corintios 12; Colosenses 3:16) hasta el cuidado de los pobres (Gálatas 2:10; 1 Corintios 16:1-2; Santiago 1:27). Otras prácticas comunes en la iglesia primitiva son el lavamiento de los pies y el ósculo (beso) santo.

 

El culto de la iglesia primitiva estaba cargado con la expectativa de la inminente venida del reino en su totalidad. Justino Mártir da la primera descripción de un culto dominical en su obra, Primera Apología, 65, 67). (Se puede leer el texto completo acá en inglés.)

 Arte cristiano en las catacumbas 

Arte cristiano en las catacumbas 

La eucaristía era observada todos los domingos, en sus principios, como parte del ágape o comida comunal. Luego, en el segundo siglo quedó como rito aparte de la comida. La Didaché (Enseñanza de los doce apóstoles) dice lo siguiente sobre la Cena del Señor:

 

En cuanto al domingo del Señor, una vez reunidos, partan el pan y den gracias después de haber confesado sus pecaos para que su sacrificio sea puro. Todo el que mantenga contienda con su compañero, no se reúna con ustedes hasta que se reconcilien, para que su sacrificio no se profane. Pues a éste hay que referir lo dicho por el Señor: En todo lugar y en todo tiempo me ofrecerán un sacrificio puro, porque soy rey grande, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre los pueblos. (XIV.1-3).

 

La Didaché también ofrece dos ejemplos de la liturgia empleada en el momento de celebrar la eucaristía:

 

En cuanto a la eucaristía, den gracias así. En primer lugar, sobre el cáliz:

Te damos gracias, Padre nuestro,

por la santa vida de David, tu siervo,

que nos diste a conocer por Jesús, tu Siervo.

A ti la gloria por los siglos.

 

Luego, sobre el pedazo (de pan):

 

Te damos gracias, Padre nuestro,

por la vida y el conocimiento

que nos diste a conocer por medio de Jesús, tu Siervo,

A ti la gloria por los siglos.

 

Así como este trozo estaba disperso por los montes y reunido se ha hecho uno,

así también reúne a tu Iglesia de los confines de la tierra en tu reino.

Porque tuya es la gloria y el poder por los siglos por medio de Jesucristo.

 

Nadie coma ni beba de su eucaristía a no ser los bautizados en el nombre del Señor, pues acerca de esto también dijo el Señor: No den lo santo a los perros.

 

Después de haberse saciado, den gracias de esta manera:

 

Te damos gracias, Padre santo,

por tu Nombre santo

que has hecho habitar en nuestros corazones

así como por el conocimiento, la fe y la inmortalidad

que nos has dado a conocer por Jesús, tu Siervo.

A ti la gloria por los siglos.

Tú, Señor omnipotente,

has creado el universo a causa de tu Nombre,

has dado a los hombres alimento y bebida para su disfrute,

a fin de que te den gracias

y, además, a nosotros nos has concedido la gracia de un alimento y bebida espirituales y de vida eterna por medio de tu Siervo.

Ante todo, te damos gracias porque eres poderoso,

A ti la gloria por los siglos.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia para librarla de todo mal y perfeccionarla en tu amor

y a ella, santificada, reúnela de los cuatro vientos en el reino tuyo, que le has preparado.

Porque tuyo es el poder y la gloria por los siglos.

¡Venga la gracia y pase este mundo!

¡Hosanna al Dios de David!

¡Si alguno es santo, venga!;

¡El que no lo sea, que se convierta!

Maranatha.

Amén.

 

A los profetas permítanles dar gracias cuanto deseen (IX, X).

 

Puede ser que el documento perteneciente a la iglesia primitiva, la Tradición Apostólica de Hipólito de Roma contenga el texto más completo de una oración eucarística (cf. capítulo 4). (Se puede leer el texto completo acá en inglés.)

 

En sus principios, la iglesia primitiva bautizaba a los conversos en cualquier momento. Luego, bajo la influencia de Orígenes, comenzaban a bautizar los candidatos únicamente en la celebración de la Pascua después de un riguroso proceso. Vemos en la Biblia y en la historia de la iglesia primitiva que el bautismo fue algo universal desde sus inicios como vía de la participación con Cristo en su pasión y resurrección y también como entrada al cuerpo de Cristo, la iglesia (Hechos 2:38s).

 

Además de la celebración de la eucaristía, lecturas y oraciones, también hubo un momento para la reconciliación de los pecadores.

 

Si bien los primeros cristianos prestaron, naturalmente, los cantos hebreos, no tardaron en escribir sus propios himnos. Es probable que Filipenses 2:5-11 fuera uno de los primeros himnos a Cristo.

 

Las Odas de Salomón pertenecen al primer himnario de la fe cristiana. Fueron salmos en el estilo de Salomón que fueron escritos durante los primeros tres siglos de la iglesia en griego o siríaco.

 

Las Odas de Salomón en formato PDF.

 

(Músicos talentosos en Estados Unidos han tomado las Odas y han hecho arreglos contemporáneos para su uso en la actualidad. Han hecho un excelente trabajo haciendo puentes entre una tradición antigua y la música contemporánea. Pueden visitar su página Web para escuchar los temas: The Odes Project.)

 El  ágape  formaba una parte muy importante del culto primitivo

El ágape formaba una parte muy importante del culto primitivo

Grandes diferencias entre la adoración de la iglesia primitiva y las iglesias hoy:

 

La postura en la adoración de la iglesia primitiva era muy importante. El postrarse o arrodillarse no era señal de adoración sino la adoración como tal. En su pensamiento, el acto de arrodillarse humillaba al adorador, haciéndole un bien y mostrando reverencia a Dios.

 

La iglesia primitiva cantó a capella, o sea, sin instrumentos. Este estilo refleja la costumbre judía en las sinagogas y acentúa elocuentemente la sencillez y la participación característica de la iglesia primitiva.

 

La adoración primitiva nunca fue un espectáculo para ser visto ni presenciado. Los protagonistas eran todos los hermanos y hermanas presentes en la reunión.

 

Los cantos nunca fueron centrales en el culto al Señor como lo fue la eucaristía. Dedicar la mayor parte del tiempo al canto en el culto y obviar la Santa Cena sería impensable para los primeros cristianos.

 

Los primeros cantos cristianos apelaban no sólo a los sentimientos de los primeros cristianos (algo que sucede por la naturaleza misma del canto) sino también a su intelecto, enseñando, exhortando e invitando a una mayor participación en la obra de Dios.

 

Después del segundo siglo, la iglesia iba compartiendo una sola liturgia uniforme debida a la comunicación entre las primeras congregaciones. Apelaban a las enseñanzas de los apóstoles (ortodoxia) mientras enfatizaban la práctica cristiana (ortopraxis). 

 

El culto cristiano en la iglesia primitiva también se entendía más allá de la reunión dominical. También se hablaba de adoración en términos de sacrificios. 

«Los exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que se ofrezcan a ustedes mismos como un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios: tal será su culto espiritual. Y no se acomoden al mundo presente, antes bien transfórmense mediante la renovación de su mente, de forma que puedan distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto.»
— Romanos 12:1-2 BJL

Los primeros cristianos dejaron este sentimiento plasmado en los Oráculos sibilinos:

 

Mi [la divina] imagen es el ser humano, quien tiene justa razón.

Para esta persona, quien pone una mesa pura y sin sangre,

llénenla con cosas buenas, y den pan a los hambrientos,

bebida a los sedientos, y ropa a los desnudos,

proveyendo por tu propias labores con manos santas.

Reciban los afligidos y vengan a la ayuda de los angustiados,

y provean este sacrificio vivo para los vivos. (8.402-408)

 

Debemos, como los primeros cristianos, entender que la adoración no se reduce a los cantos que entonamos en la reunión los domingos. La adoración debe salir de «bocas entendidas», y no sólo eso, sino también de forma coherente con la vida cristiana que llevamos. 

 

Bibliografía

 

Ayán, Juan José. (2010). Padres apostólicos. Madrid: Ciudad Nueva.

 

Ferguson, Everett. (2002). Early Christians Speak: Faith and Life in the First Three Centuries. Tomo II. Abilene, TX: ACU Press.

 

_____. (2006). La historia del canto a capella en la adoración pública cristiana. Buenos Aires: Instituto Bíblico de las iglesias de Cristo en Argentina.

 

Kilmartin, Edward J., «Liturgy» en Everett Ferguson, ed. (1999). Encyclopedia of Early Christianity. 2da ed. New York: Routledge.

 

McGowan, Andrew B. (2014). Ancient Christian Worship: Early Church Practices in Social, Historical, and Theological Perspective. Grand Rapids, MI: Baker Academic.

 

Más recursos:

The Odes Proyect: https://www.theodesproject.com

 

Las Odas de Salomón en formato PDF