Los cristianos y la praxis

El bautismo y la eucaristía (luego llamada la cena del Señor) fueron dos de las prácticas más sobresalientes de la vida y fe de los primeros cristianos. El Nuevo Testamento da por sentado que todos los cristianos habían sido bautizados como lo fue Jesús, sumergidos en agua. La teología juanina, el libro de los Hechos y los escritos paulinos dejan en claro que el bautismo no era sólo una práctica común sino la norma para la iniciación en el culto cristiano.

 

El libro de los Hechos nos relata que después de los bautismos en el día de Pentecostés, los primeros cristianos se reunían para partir el pan. Ese partir del pan era la celebración de la eucaristía. Lo más probable es que en los inicios de la iglesia, la santa cena fue celebrada en medio de una comida ágape. Fue una de las prácticas que caracterizaban a los cristianos.

 

Lo que vemos, entonces, es que los cristianos son fácilmente identificados por sus prácticas. Este hecho no quita que los cristianos, además de ser reconocidos por sus prácticas, deben ser reconocidos por su praxis.

 Artista, A.C. Williams

Artista, A.C. Williams

Una práctica es algo que vos hacés en un momento puntual. Una praxis es una serie de prácticas que vos asumís como hábito o estilo de vida, una práctica constante.

 

Las prácticas cristianas, el bautismo y la eucaristía, son dos prácticas puntuales. La práctica del bautismo nos inicia como cristianos: en el bautismo pasamos de muerte a vida, somos añadidos al cuerpo de Cristo, la iglesia. La eucaristía es una práctica semanal (en el mejor de los casos) que constantemente observamos para participar de la comunión con Dios y con nuestros hermanos y hermanas. 

 

La praxis cristiana sería una vida cristocéntrica, una vida animada por el Espíritu Santo que nos lleva a vivir como pequeños cristos acá en la tierra. La praxis cristiana es vivir el Sermón del Monte, es encarnar los valores del reino de Dios. Es caminar tras las pisadas del Maestro Jesús. Una praxis cristiana significa morir a uno mismo, tomar su cruz y seguirle fiel cada día. 

 

Supongamos, por un momento, que hay por lo menos dos tipos de cristianos:

 

  1. cristianos que fueron bautizados y participan regularmente de la cena del Señor

  2. cristianos que fueron bautizados que no participan regularmente de la cena del Señor

 

Supongamos por un momento que estos dos tipos de cristianos, a pesar de su plena o mínima participación en el cuerpo de Cristo, quieren llevar a cabo de una praxis cristiana, o sea, quieren seguir a Jesús. 

 

¿Cuál es el problema que yo veo? Existen cristianos que pretenden mantener una praxis cristiana (una vida cristiana, o por lo menos, vivir con valores cristianos) prescindiendo de las prácticas cristianas. Hay cristianos que quieren vivir su relación con Dios al margen de la vida del cuerpo de Jesús. Pero hay un pequeño problema: la praxis cristiana necesita las prácticas cristianas (el bautismo y la constante comunión con el cuerpo) para florecer.

 

Después de viajar a varios países y entrevistar a hermanos y hermanas en diferentes contextos, nunca llegué a conocer a un cristiano que es capaz de mantener una praxis cristiana al margen de la iglesia. Una praxis cristiana no puede estar divorciada de las prácticas cristianas (como son el bautismo y la proclamación ritual de la muerte y resurrección de Jesús hasta que Él venga).

 

No se puede llevar una praxis cristiana sin participar del cuerpo como miembros activos. Un brazo o una pierna que ha sido cortada no puede mantener su integridad aparte del cuerpo y mucho menos puede cumplir su función.

 

Hay muchos teólogos y teólogas que han reemplazado la comunidad de fe con la comunidad académica. Ahora, para muchos, lo que los convocan son las consultas, los debates, las presentaciones de trabajos y libros teológicos.

 

Y hay muchos cristianos que han reemplazado la comunidad de la fe con una espiritualidad alternativa, alternativa porque ya no gira alrededor de Jesús y su cuerpo. Es una espiritualidad en que el tema a debatir o el servicio a las personas necesitadas quedan bajo su discreción.

 

Los hebreos no fueron liberados de la esclavitud en Egipto para que luego vivieran apartados del pueblo de Dios. Los cristianos tampoco hemos sido liberado de la esclavitud del pecado y sus múltiples formas para que vivamos apartados del pueblo de Dios. La liberación de Dios nos lleva a ser constituidos como parte de su pueblo y más vale que vivamos como tal. 

 

Mis hermanos y hermanas, si tratamos de vivir una vida cristiana apartada de la fuente de toda fortaleza espiritual, quien no es sólo Dios sino la segunda encarnación de su persona en la tierra (la iglesia), moriremos de sed en el desierto.

 

Les cuento que yo tampoco estoy conforme con el estado actual de la iglesia. Yo no creo que ya somos todo lo que deberíamos ser. Pero el Espíritu Santo que me anima a mí y a mi pensamiento se va perdiendo su poder sobre mí cuando pretendo llevar a cabo una praxis cristiana lejos de las prácticas de la fe.

 

Son los hábitos devocionales y los ritos cristianos que moldean mi caprichoso corazón. Son los cantos y las lecturas de las Escrituras que reorientan mi deseos. Son los momentos de confesión y arrepentimiento que me invitan a vivir para el reino de Dios. Es la proclamación de la muerte y resurrección de Jesús que me recuerda que debo anhelar la segunda venida de Jesús. Sencillamente, yo no puedo vivir sin mis hermanos. El que pretende hacerlo, sólo engaña a sí mismo.